Queridos televidentes, me alegro de reencontrarme aquí con vosotros, a raíz de un tema tan apasionante como el programa “Fama, ¡a bailar!” en su segunda edición. En esta serie de posts que os presenta vivosinvivirenmi.com haremos un ameno repaso a las zonas más oscuras, los puntos negros, es decir, las espinillas de este maravilloso reality de Cuatro.
Para comenzar nuestro recorrido, hemos escogido a Marisa, una joven malagueña de 20 años que ha marcado un antes y un después en la historia del medio audiovisual, incorporando una nueva dimensión a la experiencia televisiva. La dimensión del olor.

Gracias a Marisa, en millones de hogares españoles puede disfrutarse ahora de una experiencia que va mucho más allá de lo meramente audiovisual. Las familias españolas tienen la posibilidad actualmente de encender la tele, oler las prendas favoritas de la concursante y acto seguido, fenecer a causa de ello, sin más dilación.
Científicos de todo el mundo están estudiando este fenómeno sin precedentes. Con objeto de documentarnos en profundidad, hemos entrevistado al profesor Smellington, del Instituto Neurológico de Massachusetts, que describe la experiencia de esta forma:
Dr. Smellington: Cuando a través del sentido de la vista, percibimos la misma prenda en contacto con el cuerpo de alguien, setenta y cinco veces consecutivas, el cerebro por sí mismo crea lo que hemos denominado una ilusión olfativa mortal, y efectivamente, es como si tuviéramos a la persona y a su cochambrosa indumentaria frente a nosotros.
VSVEM: Asombroso. Y díganos, profesor, ¿han estudiado algún caso parecido con anterioridad?
Dr. : Bueno, el año pasado, estuvimos muy cerca de lograr un éxito similar con la primera edición del mismo programa, gracias a una joven llamada Mery y sus pantalones de lentejuelas verdes. Un tercio de los sujetos entrevistados resultó gravemente afectado y dijo poder percibir con claridad el… pérdoneme por la expresión: “olor a chichi”. Sin embargo, con Marisa hemos alcanzado un éxito rotundo, del 99,9%.
VSVEM: No lo dudamos, profesor. Muchas gracias por su tiempo.
Con estas declaraciones, podemos afirmar que no es solo la falsedad, el despotismo, la ambición y la estupidez supina de esta joven lo que huele a podrido en Fama ¡a bailar! 2ª edición, sino también su propia indumentaria: unas mallas de leopardo rosas (mallas en singular, porque aunque pueda parecer lo contrario sólo tiene un par), unas zapatillas nike que probablemente olían mejor cuando estaban fabricándose en algún subsótano de china, cazadoras de táctel que todos sabemos que NO transpiran, camisetas de algodón de dudoso gusto y sujetadores que asoman bajo sus húmedas axilas y que ella misma afirma “que no echa a lavar por si se los pierden”.
Las autoridades sanitarias han rogado a la dirección del programa que retenga a la concursante, no nominándola jamás, hasta que los científicos aporten más datos sobre este fascinante fenómeno de la ilusión olfativa mortal.
Debido a su cuarentena en la Escuela de Fama, nadie ha tenido la oportunidad de informar a Marisa que los seres humanos no pueden ponerse tantas veces la ropa sin lavar porque huele mal, al contrario de lo que ocurre con los dibujos animados, con los que ella parece sentir tanta afinidad estética.


El fenómeno Marisa ha tenido también un efecto colateral de gran alcance en la sociedad de nuestro país. Según recientes estudios, dos de cada tres españoles, en la actualidad preferiría recoger de la calle a un perroflauta (tal vez parricida) que a un sudoroso concursante de Fama, porque como afirman los encuestados los primeros “pasan mucho tiempo al aire libre y por lo menos están un poco más oreados”.